Una tarea loable que va más allá de resolver un problema práctico de entendimiento, teniendo en cuenta la diversidad de escultores que compiten en el predio de la Bienal de Esculturas, la realizan los traductores, que tienen el trabajo clave de generar un puente no solamente entre los asistentes destinados a los artistas, sino también con la gente, que de manera permanente intentan interactuar con los escultores.

Constantemente atento atentos, los 12 profesionales que cumplen la función de traducir en un ida y vuelta, entre el artista y los visitantes, o también sus asistentes.

Es que el público llega ávido de preguntas y curiosidades que busca le sean evacuadas en el instante y para eso se encuentran estos 12 profesionales, a los cuales se los ve atareados desde que inicia el día, hasta que las herramientas vuelven a descansar.

Oksana Amanlieva, Gerardo Villa, Natalia Peres, Cecilia Oliva, Felipe Herrero y Natalia Marchand, son algunos de los que forman parte del equipo de tranducción de la Bienal.

Ellos se dividen la tarea entre todos los escultores, por lo que cualquiera puede ir con cualquier artista en el momento en que necesita comunicar algo.

“Las traducciones se hacen en el momento con el público en general, con los medios de prensa, también en los actos oficiales y nuestro rol principal es hacer la traducción para los asistentes, sobre todo cuando hay que mover las piedras”, dijo Natalia Marchand.

En cuanto a lo que la gente pregunta a los escultores, por lo general resaltan aquellas inquietudes sobre su trayectoria, si es la primera vez que viene a la Argentina y al Chaco, sobre los materiales que trabajan y la cultura de cada país.

“Cada quien tiene su tono de hablar, es diferente el acento que manejan, pero después de unos días nos vamos acostumbrarnos y nos entendemos a la perfección”, dijo.

Pero las inquietudes también vienen por parte de los mismos escultores, ya que mostraron curiosidad, en los momentos de descanso, sobre el tipo de carne que consumen los chaqueños, ya que, por lo general, en otros lugares, no se come tanto este producto.

“Están sorprendidos con la cantidad de gente que viene y cómo la gente quiere interactuar todo el tiempo con ellos, eso sí les sorprende porque no están acostumbrados a hacerlo así de abierto”, aseguro la traductora.


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