Devaluación, inflación altísima, aumentos de alimentos, del transporte público, prepagas y combustibles, más despidos en el Estado: el ajuste de La Libertad Avanza arrasa la economía cotidiana en busca del déficit cero.
El primer tramo de la presidencia de Javier Milei se caracterizó por causar incertidumbre y tensión. Si una gestión se mide a través de sus medidas económicas y las consecuencias que produce, entonces el gobierno libertario se encuentra en deuda con la ciudadanía. Hasta aquí, la sociedad sufrió en escaso tiempo una devaluación brutal, una inflación asfixiante para los bolsillos y la ejecución incisiva de la motosierra, que continúa con el recorte y deja menos margen de maniobra para los más necesitados. Por eso, fueron 100 días que no enamoraron.
El 10 de diciembre, desde las escaleras del Congreso, el mandatario advirtió que “no hay solución alternativa al ajuste, no hay plata”. Aquel domingo, recibió la ovación de sus militantes, que aceptaron sin cuestionamientos que se llevaría a cabo un “ajuste fiscal en el sector público nacional de 5 puntos del PBI” y aclaró que caería “casi totalmente sobre el Estado y no sobre el sector privado”. Enseguida, realizó un pronóstico desalentador: “Impactará de modo negativo sobre el nivel de actividad, el empleo, los salarios reales, la cantidad de pobres e indigentes”.
Desde ese día, Milei y sus funcionarios desarrollan un Gobierno marcado por las determinaciones encuadradas en el plan original de achicar el Estado, que fue anunciado durante la campaña electoral y que le permitió, primero, sorprender en las PASO con un 30% de los votos, que lo convirtió en el precandidato más votado y que mantuvo durante el tramo previo a las elecciones generales de octubre, en las que derrotó al ex ministro de Economía Sergio Massa.
*C5N


