Jorge Romero ingresó al Poder Legislativo del Chaco en 1990. Tiene 62 años y actualmente desempeña el cargo de subdirector de Recursos Humanos. Su trayectoria laboral e historia personal no fue nada fácil: integrar el grupo de Alcohólicos Anónimos y su fe en Dios, lo ayudaron a transitar los 32 años que lleva trabajando en este lugar. “Cuando más hablo de mi problema y cuando más transmito, más me alejo de la adicción”, asegura.

“Jorgito” Romero tiene 62 años, vive en el barrio Villa Alvear y es empleado legislativo desde hace 32 años. Su rutina comienza a las 5, aunque su horario laboral sea desde las 6. En los pasillos de las diferentes dependencias del Poder Legislativo lo conocen todos, es que actualmente desempeña el cargo de subdirector de Recursos Humanos de este Poder, aunque hace unos 32 años atrás ingresaba a la Dirección de Logística como pintor.

Su trayectoria profesional e historia personal tienen un denominador común: la superación y el crecimiento. “Desde chiquito para costearme, (si bien no terminé el Colegio Industrial), trabajé de albañil. Durante mucho tiempo también hice trabajos de plomería y gas. Después, comencé con el oficio de pintor. Trabajé en una pinturería como vendedor durante ocho años e ingresé al Poder como pintor. Al poco tiempo, comencé con los inconvenientes de mi alcoholismo”, cuenta Jorge sobre sus inicios.

“Fueron dos o tres años que estuve luchando, hasta que toqué fondo e ingresé a Alcohólicos Anónimos y a la Iglesia Católica. Empecé a caminar y a luchar y fue un vuelco tremendo. Estos pilares transformaron toda mi vida”, asegura. El trabajo fue uno de los bastiones más importantes y por supuesto, el apoyo de sus compañeras y compañeros de trabajo, que lo reconocen como un “buen compañero, un excelente empleado y su excelentísimo trato con los demás”.

“Ingresé en la época de ´Toto´ Alberto Silvestre Torresagasti y tuve directores fabulosos como Antonio Meza y Gerardo Villordo, quienes fueron mis maestros y los que me impulsaron a hacer muchos cambios hasta conseguir lo que soy ahora. También aprendí mucho de Mayela Romero, sobre todo como comportarme en las acciones humanas y de cada una de mis compañeras y compañeros, cada uno me dejó un aprendizaje”, dice Jorge.

Recuerda, como acciones que lo llevaron a sociabilizar su adicción por el alcohol, la oficina “Cámara Escucha”, implementada por la entonces presidenta de la Cámara, Alicia Mastandrea. “En esta oficina se tocaban temas de la vida y entonces, yo fui un testimonio de superación y crecimiento”, cuenta Jorge. Este espacio también le brindó la posibilidad de contar su historia en primera persona en distintos colegios de Resistencia, acompañado por diversos profesionales.

De alguna forma, esta también fue la puerta que le permitió forjar las relaciones personales y laborales que tiene hoy con sus compañeras y compañeros de trabajo. “¿Te animas a dar charlas frente a tus compañeros?”, recuerda que le preguntó Mastandrea. Él, no dudó y le dijo “qué mejor que hablar ahora que estoy bien. Ese fue el punto fundamental para que me ayude a llegar a ser jefe de Departamento”. Y aunque asume tener a su “corazón en el peronismo” admite que “nunca hice política en el trabajo. Me costó más llegar, pero puedo decir que todo fue con mi sacrificio y un aprender constante”. Si tuviera que definir su presente laboral, no duda y asegura: “El Poder Legislativo es mi vida, mi amor, mi locura. Yo amo mi trabajo. Levantarme, planificar mi día, fue todo un proceso maravilloso que me pudo traer donde estoy hoy. Le doy gracias a Dios por eso”.


“No lo hice por algo, ni por nadie. Lo hice por mí”

Jorge describe a su relación con el alcohol como un “adicto al que no se le notaba” y asume que “era una persona normal, pero necesitaba de un vaso de vino cada dos horas para estar bien, necesitaba de ese plus”, recuerda. Formar parte del Programa de recuperación de “Alcohólicos Anónimos” a los 34 años le permitió reconocer, entender y admitir su relación con esta adicción. “Hoy miro atrás y digo ´todo lo que logré sin tomar y estando bien´. Tampoco me martirizo pensando en lo que no fue o no pude hacer, por algo no fue”, reconoce Jorge.

Sobre su paso por el Programa, dice que “fue un desafío constate” y que “harán 18 años que encontré un equilibrio emocional. Nunca más tuve tentaciones”. Reconocer la situación que atravesaba no fue nada fácil para él. “Me costaba salir porque contaba los días y eso es lo peor para el adicto. Las caídas me sirvieron de ejemplo y me ayudaron a subir más todavía, a volver a surgir”, recuerda.

Sobre cuál era su mayor incentivo o dónde pudo encontrar las fuerzas para atravesar esta enfermedad, Jorge cuenta que “nunca me puse metas ni desafíos. Eso es algo que nos enseñan a los adictos y que pude aprender en estos años. Si yo estoy bien, van a estar bien mis hijos, mi familia. Si voy a trabajar bien, en sobriedad, voy a hacer las cosas bien. Entendí que no hay que hacerlo por algo ni por nadie, entendí que tenía que hacerlo por mí”, afirma.

Otro de sus pilares fundamentales que lo sostuvieron y donde encuentra refugio espiritual diario, fue la fe en Dios. “Si no hubiese sido un alcohólico, no hubiese conocido a Dios. Mi fortaleza es mi relación con Él, nunca falto a misa, soy activo en una parroquia”, cuenta.

Poner en palabras situaciones y experiencias de vida como esta, revive muchos momentos. Sin embargo, “reconocer quien fuiste” no es un impedimento para Jorge. “Cuando más hablo de mi problema, cuando más transmito, más me alejo de la adicción. Cuando más servicio haces, cuando hablas sin vergüenza de lo que hiciste, es cundo más te alejas”, asegura.

“Solo una persona que sale del alcoholismo o de la droga, sabe el proceso que es. Es una lucha impresionante. El valor que tiene estar para mi hoy en este lugar es inmenso. Estoy orgulloso de haber llegado donde estoy hoy”, concluye. Vaya en él, el reconocimiento de la Agencia FOCO a trabajadoras y trabajadores de este Poder del Estado, que el miercoles 6 celebrarán su día.

Más acerca de Jorge

Jorge se casó a los 20 años. “Ya era alcohólico y con una irresponsabilidad tremenda”, reconoce. De este matrimonio, nacieron sus dos hijos varones de 41 y 37 años. Además, tiene 4 nietos (tres varones y una nena).

“En la Iglesia, en el año 97, conocí una chica en la parroquia y empezamos a salir. Hace 22 años que estamos juntos. Era el sostén fundamental que me faltaba. Es una mujer excelente y moralmente muy recta”.

 


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