Gina Certoma, sobreviviente de un intento de femicidio con fuego, conversó sobre la iniciativa solidaria de tatuadores y tatuadoras que regalan su talento y esfuerzo: "Si veían las cicatrices me preguntaban: "¿Qué te pasó?" Pero hoy me ven y me dicen: "¡Qué buenos están tus tatuajes!". Eso me ayuda a salir adelante".

Gina Certoma, sobreviviente de intento de femicidio con fuego, pasó de tener un cuerpo lleno de cicatrices a tener un cuerpo lleno de arte gracias a la iniciativa solidaria de tatuadores y tatuadoras que regalan su talento, tiempo, insumos y esfuerzo para borrar las marcas externas de las violencias de género, una movida que crece en todo el país.

La joven de 28 años fue víctima de un intento de femicidio el 2 de enero de 2017 por parte de su exnovio Ezequiel Farina, quien en 2019 fue condenado a 15 años de prisión por este ataque. "Pasamos de tener un cuerpo lleno de cicatrices a un cuerpo lleno de arte", reflexionó.

Como consecuencia de la agresión -que sólo cesó por la intervención de una vecina-, Gina resultó con el 60 por ciento de su cuerpo quemado y tuvo que permanecer cuatro meses internada, sometiéndose a tres intervenciones quirúrgicas semanales.

"Como te ve la gente cambia un montón: si veían las cicatrices me preguntaban: '¿Qué te pasó?' Pero hoy me ven y me dicen: '¡Qué buenos están tus tatuajes!'. Eso me ayuda a salir adelante", agregó la joven empleada bancaria a poco de arribar al estudio de tatuaje para una nueva sesión de la cual participó un equipo de Télam.

Exultante, vital y optimista se la ve a Gina mientras muestra con orgullo sus tatuajes con diferentes versiones de mujeres guerreras, diosas, la emperatriz egipcia Nefertiti, distintos animales y una leona. "La leona es por mi mamá, que cuando estaba internada me decía que yo era su leona", contó.

La joven además integra el grupo "Los fénix de Mandinga", una verdadera familia conformada por 25 personas de diferentes edades que accedieron a alguno de los "tatuajes sanadores" de la Fundación Mandinga Tatoo.

El fundador de este mítico estudio, que tiene su casa central en Villa Lugano, es Diego Staropoli (50). "Yo tatué mucho, sin parar, desde los 20 a los 41 años, de manera comercial. Después me dediqué a la parte más empresarial del negocio, a organizar la exposición de tatuajes y un programa de TV, pero ellas me trajeron de vuelta a estar activo y hoy me dedico solo a esto", dijo Staropoli.

La primera incursión en los "tatuajes sanadores" fue la reconstrucción de areolas mamarias a mujeres que habían atravesado una mastectomía.

"Como todas las mujeres de mi familia padecieron cáncer de mama -mi abuela primero, mi vieja, mi tía-, inicié esto como un homenaje a ellas sin saber que iban a ser tantas porque ya llevamos 1.736 tatuadas", compartió.

"El tatuaje sobre cicatrices de la violencia apareció hace un año y medio, casi por accidente, porque vino una chica que tenía el 70 por ciento del cuerpo quemado. La empezamos a tatuar y el caso se hizo viral. Luego vino otra y otra más, ya tatué a 16 personas y dejé de anotar en lista de espera cuando llegué a las 100 porque son trabajos que llevan meses", explicó.

Es que tatuar cicatrices "es un desafío enorme" porque "te lleva muchísimo más trabajo", pero el hecho de saber que esas marcas fueron consecuencia de las violencias, reflexionó Staropoli. "A mí me genera muchísimo más compromiso" porque a esas mujeres "yo no les puedo decir 'no, estás muy quemada, no me animo'".

Por eso, "una vez que las citamos, el 'no' no existe", al punto que "a veces me pregunto cómo hago para tatuar ahí arriba, pero es tener ganas y amor por lo que haces, no hay mucho más que eso".

CÓRDOBA: BUSCAN SPONSOR PARA UNA CAMPAÑA DE TATUAJES PARA SOBREVIVIENTES DE VIOLENCIA

"Dicen que el tiempo cura las heridas, nosotras, tus cicatrices". Ese el el eslogan de TransformArte, una campaña que promueve tatuajes al costo, hasta tanto la eventual participación de sponsors permitan hacerlo de modo gratuito, entre sobrevivientes de violencia de género.

"Hicimos los primeros tres tatuajes el año pasado antes de la pandemia, pero el protocolo Covid-19 nos encarecía aún más los costos, así que tuvimos que hacer un parate y estamos relanzando el proyecto junto a tatuadoras de la zona", dijo a Télam la enfermera Pía Acosta, colaboradora del Centro de Protección Familia (Ceprofa), el cual participa de la campaña y está ubicado de la localidad cordobesa de La Falda, e impulsora de TransformArte.

Acosta recuerda con detalle cada uno de los casos; todos de mujeres de la zona de entre 19 y 27 años.

La primera mujer llegó a los tatuajes buscando resignificar las cicatrices de su cuerpo provocadas por el violento.

Hoy, un lindo diseño de un colibrí revoloteando alrededor de flores y lianas que forman el nombre de sus hijos, oculta totalmente aquellas marcas.

"Nosotras cobramos el precio de costo porque no tenemos quien nos financie el material y todo lo que es tinta y descartable tiene un valor elevado en dólares que no podemos solventar; pero la tatuadora dona su tiempo y su arte, que para la sobreviviente es gratis", explicó Acosta.

"Estamos tratando de contactar con entidades, organismos o empresas que puedan aportar los materiales para que no tengan que pagar nada, que es nuestra finalidad", dijo.

Acosta reconoce que "el ambiente del tatuaje es bastante masculino" y que el hecho de que sean mujeres las que tatúen es un plus que las sobrevivientes valoran.

La idea es poder realizar un tatuaje por semana a mujeres de todo el valle de Punilla y expandir el proyecto a otras localidades, empezando por Carlos Paz, donde está la tatuadora Yessica Nieva presta a sumarse a la campaña.

"Una sola vez me tocó tatuar sobre las quemaduras de una mujer", contó Nieva a Télam.

No obstante, la tatuadora y artista plástica sospecha que muchas mujeres que pasaron por su estudio con inexplicables cicatrices, eran sobrevivientes de violencia de género que "no cuentan por vergüenza o quizás porque siguen con esa pareja".

Nieva apuntó que a muchas mujeres "les da más confianza y seguridad" tatuarse con una par porque "hay zonas (del cuerpo) que les da pudor" exponer a la mirada masculina en una sesión.

Esa primera persona que contactó a Staropoli por redes sociales para consultarle si sus tatuajes solidarios se podían hacer extensivos a las sobrevivientes de violencias fue Jessica Mela (38), quien hoy trabaja como recepcionista en el local de Mandinga Tatoo.

"Yo viví 12 años tapándome, sin mostrar los brazos y piernas, con un pañuelo al cuello y sin poder ir a una playa o pileta, porque no podía soportar las miradas del resto, que es lo más duro", relató Jessica, quien sufrió un intento de homicidio de su exnovia en 2008, bajo una modalidad idéntica a la de Gina.

"Él me dijo que si yo era constante, en tres meses me tatuaría toda y me cambiaría la vida y así fue. Cuando me vi la primera vez no lo podía creer. Si bien sabemos que las marcas siguen estando y nos van a acompañar siempre, todo es mucho más llevadero porque volvemos a gustarnos, a sentirnos cómodas con nosotras mismas", reflexionó.

Hoy Jessica está "aprendiendo a hacer perforaciones" para piercings y confesó que "a veces me dan ganas de empezar a tatuar porque me gustaría cubrir cicatrices" y así ayudar a otras mujeres como Diego la ayudó a ella, pero aún tiene dudas porque "soy mala para dibujar".

SEBASTIÁN GALLARDO, EL MENDOCINO QUE LLEVA TATUADAS A 160 SOBREVIVIENTES DE VIOLENCIA
El mendocino Sebastián Gallardo (35) llevaba un buen tiempo especializándose en cicatrices y manchas provocadas por diferentes enfermedades, cuando se sintió profundamente interpelado por el movimiento Ni Una Menos y el aumento de los femicidios, y desde 2017 lleva realizados 160 tatuajes gratuitos a sobrevivientes y busca que más colegas se sumen a esta iniciativa.

"Yo venía trabajando en tapar estrías, celulitis, várices, manchas de vitíligo, pero en 2017 me conmovió la cantidad de casos de femicidio en el país y en base a eso, decidí encarar este proyecto", dijo a Télam.

Gallardo contó que el caso "más terrible" sobre el que le tocó trabajar hasta ahora "es el de mi primera clienta sobreviviente de violencia de género".

La mujer llegó "con una cicatriz de 22 por 14 centímetros", que Gallardo cubrió con un diseño de flores elegido por ella.

Más allá de su sensibilidad como artista, el joven compartió que las historias de violencia de género le llegan particularmente por un caso que hubo en su familia, una experiencia personal que le hace empatizar particularmente con estas mujeres.

"Yo estaba acostumbrado a otro tipo de cicatrices, pero éstas vienen con historias muy feas atrás que la gente te las cuenta, porque las sesiones de dos o tres horas se prestan para eso. La persona llega con la autoestima muy baja y uno lo único que pide es que por favor el tatuaje te quede lindo y no se vea más la cicatriz", señaló.

Gallardo realiza dos tatuajes gratuitos al mes en su estudio de Guaymallén, hasta donde "ha venido gente de San Luis, Neuquén, Córdoba, Santa Fe, Buenos Aires". En la actualidad, tiene una espera de cuatro meses.

"La idea cuando empecé era generar una especie de 'Cadena de favores', pero el mundo del tatuaje es particular", reconoció.

El mendocino tiene otras dos campañas solidarias en marchas: también tatúa gratuitamente areolas mamarias a mujeres que atravesaron una mastectomía y a personas que necesitan llevar inscripciones en el cuerpo por seguridad médica.

"Acá hubo una nena que falleció a los tres años porque le inyectaron un medicamento al que era alérgica, pero nadie lo sabía", contó.

Para evitar esto a veces se usa una chapita al cuello pero lo más práctico es el tatuaje y "en Europa los médicos tienen incorporado que lo primero que tienen que hacer (durante una emergencia) es mirarte la muñeca", para así identificar rápidamente si se trata de una persona "diabética, alérgica a la penicilina, celíaca, epiléptica, con VIH; o con huesos de cristal, implantes coronarios" u otras características por las que requieran cuidados especiales.

En estos casos, se le tatúa una leyenda en la muñeca o un ícono con el que se reconoce internacionalmente su condición.

El diciembre próximo, la iniciativa "tatuajes sanadores" tiene dos grandes eventos de difusión. Por un lado, a partir del 5 se podrá ver en el exedificio Canale la muestra fotográfica "Los fénix de Mandinga", que refleja el antes y después de 15 sobrevivientes de violencias.

Y el 26, Staropoli y su familia inician en Ushuaia, Tierra del Fuego, una recorrida continental que los llevará hasta Alaska, cubriendo cicatrices de manera gratuita en diferentes ciudades.

"Lo haremos en convenio con organizaciones de cada lugar y, como son tatuajes que llevan mucho tiempo, la idea es empezarlos y después que lo continúen tatuadores locales", dijo Staropoli.

Hasta ahora tienen confirmados trabajos en Ushuaia, Santiago de Chile, Lima, Quito, Cali, Medellín, Cartagena, Panamá, San José de Costa Rica, San Salvador, Tegucigalpa, México DF, Querétaro, Nueva York, Miami y Orlando; pero día a día se suman más ciudades.

"Las heridas que no se ven tardan un montón en sanar, no es fácil, es un proceso de resiliencia muy largo. No es que de un día al otro decís 'ya está, ya me curé'. En mi caso ya pasaron 5 años y a veces duele, es un dolor muy interno, pero voy saliendo adelante", concluyó Gina Certoma.

Télam

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