El Tribunal Oral Federal (TOF) 2 dio a conocer la sentencia por el caso en el que trató de extorsionar al empresario Gabriel Traficante. En su alegato al final en el juicio, el acusado se victimizó y dijo que el proceso estuvo condicionado por motivaciones mediáticas, pero no convenció a los jueces.

Marcelo Sebastián D’Alessio fue condenado a 4 años de prisión por el Tribunal Oral Federal (TOF) 2 en la causa que se le sigue al falso abogado por el intento de extorsión al empresario Gabriel Traficante, a quien le había pedido una suma de dinero para que no quedara incriminado en una causa penal conocida como la “mafia de los contenedores”. El suspendido fiscal de Mercedes Juan Ignacio Bidone fue condenado a 3 años y 8 meses. Los fundamentos del veredicto se darán a conocer el 20 de septiembre a las 15 horas.

El falso abogado dijo este lunes que “la condena mediática parece superar el principio de inocencia”, al hacer uso de sus últimas palabras. “Si es que existe esa trillada grieta, me dejaron bien en el medio”, dijo ante el tribunal que lo juzga, integrado por los magistrados Jorge Gorini, Rodrigo Giménez Uriburu y Enrique Signori.

Pero no logró evitar la condena.

El intento de extorsión sobre Traficante se extendió entre el 2 de noviembre y el 9 de diciembre de 2016, cuando el empresario denunció la maniobra del falso abogado. La causa tramitó en los tribunales de Comodoro Py en manos del juez Luis Rodríguez. El falso abogado declaró de manera virtual, detenido desde el penal de Ezeiza desde hace dos años.

La extorsión
D’Alessio le hizo saber a un amigo de Traficante que tenía un “problema grave” y lo citó en su casa del country. Allí le dijo que estaba involucrado en la causa de la mafia de los contenedores y que tenía que borrar los registros de llamados entrantes y salientes a su celular para no terminar preso. Para eso, nada mejor que él: se presentó como el director de Observaciones Judiciales de la AFI. La OJ u Ojota era como se conocía a la oficina de escuchas de la exSecretaría de Inteligencia (SI). Para entonces, ya no era más una dependencia de los servicios, sino que estaba bajo control de la Corte Suprema, pero, a los efectos de la extorsión, servía.

En ese momento, empezó el alarde de D’Alessio. Sacó su computadora y comenzó a mostrarle a Traficante información que no tendría una persona normal, según declaró el denunciante ante los integrantes del TOF 2. En ese momento, le pidió 80.000 dólares para el borrado de las llamadas que supuestamente lo incriminaban.

Las comunicaciones siguieron. Según dijo Traficante, al día siguiente lo convocó a una reunión frente al Departamento Central de Policía. La defensa de D’Alessio niega ese encuentro. No sólo se trataba de plata para borrar evidencia, sino que también empezó a mostrarse como un gestor para evitar la publicación de notas en el diario Clarín, concretamente en manos del periodista Daniel Santoro, que fue procesado en la causa pero, después de una intervención de la Cámara Federal, consiguió un sobreseimiento.

D’Alessio se comunicó con los amigos de Traficante para usarlos como “interlocutores válidos”. A uno de ellos lo recibió en el edificio Las Toscas, en la oficina 320, a la que llamaba “el búnker”. Gabriel Garcés salió de ese encuentro con pánico: D’Alessio le dijo que Traficante no iba a tener que pagar 80.000 dólares, sino diez veces más, o terminaban presos él y su esposa. En la oficina estaban Barreiro con otros hombres y un escritorio lleno de armas.

Traficante grabó la última comunicación con D’Alessio. Allí, el falso abogado trató, por un lado, de minimizar la amenaza que le había lanzado a Garcés y, por otro, hizo el reclamo de dinero para supuestamente maniobrar en la justicia. “Seis gambas”, le pidió a su interlocutor. Estaba hablando de 600.000 dólares. Como Traficante le decía que no tenía el dinero, que iba a tener que vender alguna propiedad, D’Alessio se apuró a cerrar el trámite: le dijo que él ponía 200.000 dólares como “préstamo a tasa cero”.

Télam

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