Los stickers no ganan elecciones, la política si

En un todo de acuerdo con la premisa de no culpar al pueblo tras el golpazo electoral que sufrió el FDT en las últimas PASO, tuve varios días para reflexionar sobre el tono que podía darles a estas líneas. No quería dejar de hacerlas, no quería dejar pasar este debate y por suerte (o no), desde ese domingo a esta parte pude escuchar que es reclamo de muchos y muchas el derrotero comunicacional, tanto nacional y especialmente provincial, con el que atravesamos una de las campañas políticas más difíciles, en un contexto pandémico y con una crisis latente, que nos planteó grandes desafíos a la hora de hablarle a la ciudadanía.
He acompañado largos años el debate por una comunicación popular democrática y con verdaderos matices territoriales, sobre todo en nuestra tierra. Chaco tiene amplia trayectoria en haber intentado construir esta comunicación, y no me refiero a lo meramente institucional, a los proyectos presentados, o a lo que se intentara como medida política (ni sus escasos resultados) sino a experiencias, capacidades demostradas, cuadros y referentes notables en la materia, mucho foro/charla/plenario y cuanta juntada de comunicadores pudimos hacer. Y ni que hablar de que nos gobierna quien supo estar al mando en los inicios de aquel esperado AFSCA y con quien, en demasiadas oportunidades, pudimos debatir sobre comunicación e incluso trabajar de cara a una histórica Ley de Medios.

¿Pregunto entonces, en qué momento llegamos a la conclusión de que tomando como ejemplo las campañas vacías y “color pastel” del macrismo, íbamos a lograr ganar una elección como ésta? Una elección que transcurre en el momento en que mas apreciamos el contacto, dónde estamos volviendo a recuperar la posibilidad de abrazar, de sentir, de respirar libres…

¿En qué momento se creyó que el pueblo necesitaba más marketing y menos realidad viva? Por qué, ciertamente, no soy detractora de la lógica publicitaria en política, pero en el momento de mayor sensibilidad respecto al contacto humano es cuando menos la necesitamos. Éstos son momentos donde esa lógica no funciona. No funciona ni va a funcionar. Se vio. Se vio en el cuarto oscuro, muchachos y muchachas.

Un pueblo que salió apaleado de cuatro años de políticas nefastas, que tuvo que equilibrar su propio individualismo con el miedo al otro como foco de contagio y a su vez, su sentir colectivo de cuidarse o cuidar la vida de los propios, alejándose de ellos. En carne viva y atravesando una recesión económica de magnitudes globales que nos cambió anhelos a futuro por la incertidumbre de sobrevivir. ¿No era este el momento de escuchar? De preguntarle a quienes prenden ollas gigantes a diario, de entablar un vínculo firme con quienes ven de cerca el flagelo social, con quienes ponen la cara, con quienes pintan las paredes, con quienes chupan tierra y con quienes fraccionan módulos de ocho productos para que coman dos familias en lugar de una? ¿No era éste el mejor momento para acudir a una comunicación popular que nos haga llegar a esos rincones donde les pedimos que aguanten, pero todavía no llegamos? Si, lo era. Todavía lo es.

Es momento de recuperar la lógica de la cercanía, de hacer lo que siempre hicimos, de transpirar más realidad y menos visión macro, de dar notas a medios populares y aflojar con el despilfarro condicionante de pauta a medios que trafican con el sentir de la gente. No hay posibilidad de ganar la batalla cultural en la que nos sumerge el poder real sino hacemos trincheras allí, donde está la realidad viva. Sino aprovechamos para entender que este momento de la historia nos tira de las orejas y seguimos cayendo en la trampa de creernos más sabios que el pueblo, estamos al horno.

No comulgo con la idea de que criticar es restar, tampoco con la lógica mercenaria de chicanear a la dirigencia desde nuestros micrófonos o redacciones porque no creo en la comunicación como negocio ni como fiscal de la política. Creo en construir. Será porque antes que una comunicadora soy una militante política que se abraza a un proyecto y lo defiende, pero sobre todo que le tiene fe a esa idea. Y esa idea se perdió, desde el momento que creyeron que esta era una campaña que podían manejar por zoom desde el extranjero como una franquicia de hamburguesas. Esto es el pueblo …es la Patria, es nuestro futuro. Acá no importa el color de la camisa en la foto del candidato, importa el sentirte parte del territorio, importa el saber que llegaste a todos lados o al menos lo intentaste. Sentir fuerte que el pueblo te necesita y expresarlo, escucharlo, abrazarlo, darle esperanza y sobre todo nunca pero nunca abandonar la mística, la verdadera. Esa mística que todavía le hace aguantar los trapos a muchos y a muchas que saben que, si alguien se puede ocupar del pobre o reparar un daño social, es el peronismo. No soy quien para decirles cuanto peronismo ponen o deben poner, pero si quisiera que se alejen (pero ya) de la lógica comunicacional “duranbarbista” porque eso sí que le resta al movimiento y mucho. Ese pueblo que habla por las urnas, antes también gritaba cosas, esa militancia que creemos que siempre está para defendernos, también necesita gestos para seguir estando y el fuego también necesita leña para seguir ardiendo. No le echemos agua. Menos stickers, más política y mucha más comunicación popular. El pueblo es su propio interlocutor. HLVS

Florencia Calvo
Locutora – Comunicadora Popular
Integrante de la Coalición por una Comunicación Democrática (Chaco)
Referente de la agrupación kirchnerista Fuerza Kuka.