Es el periodista con más coberturas mundialistas del mundo, un hombre récord que está en Qatar para seguir de cerca cada acción futbolística.
En un fútbol que avanza a un ritmo galopante, la Copa Mundial ha tenido una única constante durante los últimos 64 años: la presencia ininterrumpida de Enrique Macaya Márquez (Buenos Aires, 1934). La leyenda del hombre de los Mundiales se agigantó en Catar, su 17º travesía. El mito argentino es el periodista con más coberturas Mundialistas.
Seis décadas después de su interminable viaje para hacer su debut en la cita que se
celebró en Suecia, el diccionario popular incorporó a Macaya como sinónimo del Mundial. En el living de su habitación en Doha le cuenta a FIFA+ su recorrido.
FIFA+: ¿Qué es un Mundial?
Enrique Macaya Márquez: No hay una palabra que pueda definir qué es porque tiene que ver con la vida, con el tiempo y con los acontecimientos que se van presentando en cada momento. Depende de qué tipo de Mundial, sobre todo según la época de mi vida. Para mi no fue lo mismo México 1970 sin Argentina que en 1986 cuando salió campeón.
¿Cuánto cambió la manera de viajar, desde el 58 hasta 2022?
Es la vida. Es la vida, son los cambios de la vida, los cambios naturales. Yo me subí casi por primera vez a un avión para ir a Suecia, en un avión turbo hélice, que tenían que parar permanentemente para abastecerse porque no daban las horas de vuelo por la carga que tenían. Cambió la tecnología, principalmente. Recuerdo que mi primer vez fue por radio, salía la transmisión y no sabía si llegaba. En Brasil salíamos permanentemente al aire y en forma directa en la televisión argentina.
¿Cómo fue aquel primer viaje a Suecia?
Llegué entusiasmado porque para mí también era un misterio. Esto tiene que ver no sólo con el aspecto del fútbol, el interrogante que marca la competencia deportiva, lo que puede ser, la calidad de los adversarios, el conocimiento que uno iba a tomar de forma directa, pero más allá de ello en aquel momento era una aventura. Nos llenaba de expectativas y alegría. En el 58 hicimos muchísimas escalas. Erróneamente creíamos que viajábamos hacia Hamburgo en donde nos esperaban para llevarnos hasta el sur de Suecia saliendo por el norte de Alemania, pero aparecimos en Frankfurt. Me enteré arriba del avión que nos habíamos equivocado. Tuvimos que viajar en tren, sacar nuevos boletos, cambiar todo. Desde ahí en camioneta, al norte de Alemania, ferry, Dinamarca, ferry, y llegamos a Malmo, al sur de Suecia. Milagroso.
¿Y cómo cambió el fútbol desde el primer Mundial?
Es posible que las modificaciones no fueran tan bruscas ni violentas, aunque se fueron dando en diferentes años. Se produjo un avance y un retroceso. Lo que parecía una cosa increíble, Brasil sale campeón en 1958, y es el que incorpora un defensor más a la última línea defensiva. El mediocampista parado delante de la líena de cuatro también fue Brasil. Nadie hubiera pensado que Brasil, el del jogo bonito, el de la capacidad técnica, es el que tácticamente más avanzado estaba. Ellos llevaron un psicólogo en 1958. Se fue avanzando en lo que es aleatorio, y en lo que va pegado al lado del fútbol.
¿Se vive con el mismo entusiasmo el primer mundial y este?
Si, uno lo vive de acuerdo a cómo lo enfoca, cómo lo analiza, qué pretensión tiene respecto a lo que debe conocer. Qué es lo que importa o te interesa. Nosotros somos el elemento que transmite el conocimiento, pero hay que estar convencido de ese conocimiento. Yo tuve experiencias lamentables, como cuando perdimos 6-1 con Checoslovaquia, uno se creía el mejor del mundo y perdimos. Ese día volví a fumar después de tres años.
Hay un dicho popular: que la vida se mide en Mundiales. ¿Usted diagramó su vida
en torno a ellos?
No, no. Yo he programado mi concurrencia según las circunstancias y el momento. En algunos trabajé para medios que ya habían hecho la reserva con anticipación e incluso
habían comprado los derechos, en otras fui como free lance. Soy alguien que siempre
buscó ingeniosamente la manera de cubrir el campeonato del mundo. También tuve la
suerte de no haberme engripado o resfriado nunca en la previa durante el invierno
argentino.
¿Cómo se prepara para cada Copa del Mundo?
Cuido mi salud en la previa y hago todo lo que hace cualquiera que tiene que estar fuera de casa durante 40 o 45 días. Es duro, se trabaja mucho, en mal horario, se viaja mucho pero el entusiasmo por poder presenciar cosas realmente importantes disimula todos esos factores. No hago una preparación más allá de una investigación de cada equipo, de sus características individuales y colectivas, además de su rendimiento. Hoy en día no me preparo especialmente más allá del conocimiento que tiene todo el mundo, por intermedio de los medios que ayudan a la formación.
Después de sesenta años y 15 mundiales, ¿qué le diría el Macaya de hoy a aquel que con 23 años viajó a Suecia a cubrir su primer Mundial?
(Ríe) Te felicito, te felicito le diría. Realmente. ¿Sabés lo que era Suecia? ¿Cómo fui yo? No sabíamos ni adonde íbamos.


