“Mucha gente debería aprender la diferencia entre ser humilde y tener bajo nivel intelectual”, escribió en una historia de Instagram quien por estas horas es "el artista del momento".

Mientras encara una gira por México, L-Gante dice que se sorprendió cuando se enteró de que Cristina Kirchner lo había invocado como ejemplo de los logros de una política pública, durante la presentación del nuevo programa Conectar Igualdad en Lomas de Zamora.

"Quiero que sepan que yo me hice famoso por cantar la realidad. Y que gracias a esa netbook hoy yo acomodé mi vida y a mi familia", aclaró luego de las versiones de "desmentida". Más allá de las menciones del acto, un paneo por las expresiones actuales de la música urbana muestra que el Conectar Igualdad impulsado a escala nacional, con sus 5.400.000 netbooks entregadas, tuvo un rol clave para estimular la creatividad de la generación posmilénica argentina. Otras acciones del programa, como una revista con entregas especiales sobre grabación de música o festivales con talleres artísticos, apuntalaron este rol creativo. Y de diversos modos colaboraron como plataforma para una inédita escena argentina.

Aparte de Wos, Trueno y L-Gante --todos convertidos en trending topics tras la mención de la vicepresidenta--, esa progenie, de la que también forman parte Duki, Dakillah, Cazzu, Nicki Nicole, el tándem de Ca7riel y Paco Amoroso, Ysy-A, Khea, Tiago PZK, y Neo Pistea (otro de los artistas que bien supo aprovechar el programa Conectar Igualdad), logró lo inimaginable en la década pasada: transformar a la Argentina en una potencia hispanoparlante de la música urbana. Distinción que hasta entonces era exclusiva de Colombia, Chile, España y especialmente Puerto Rico. En los últimos tiempos, la nación caribeña mira a esta orilla del Río de la Plata con admiración. De lo que da fe la colaboración que consumaron el productor local Bizarrap con la leyenda del reggaetón y trap latino Nicky Jam. La dupla está a un tris de alcanzar las 20 millones de reproducciones en YouTube en apenas días, con la sesión que lanzó el 30 de junio.

El término “música urbana” (una apropiación hispana del anglicismo “urban”) sirve para englobar a estilos como el hip hop, el trap, el R&B, el reggaetón y hasta el RKT. Suele ponérsele la etiqueta “rapero” a todo lo que suene parecido, por más que no sea del todo acertado. Se trata de un universo tan confuso, rico y endogámico que se comprende el desliz. Especialmente a partir de la popularidad que tuvieron las competencias de freestyle organizadas a lo largo y ancho del país.

Cinco años antes de ser campeón, Trueno se inscribió por primera vez en 2014 en Red Bull Batalla de los Gallos con un video hecho con una netbook del Conectar Igualdad. El freestyle demostró que la música urbana no sólo pertenece a los estratos más favorecidos. También las clases bajas y medias fueron fundamentales para su desarrollo, al igual que beneficiadas por el programa Conectar Igualdad. De hecho, los integrantes de La Finesse, binomio sensación de la producción musical local, cuya impronta tiene un pie en la música urbana y otro en la pista de baile, crearon sus bocetos sonoros iniciales en una de las netbooks que entregó el gobierno de Cristina Kirchner. Primero en plan lúdico, en sus años en la secundaria, y luego se lo tomaron tan en serio que se tornó en su oficio.

Aunque no fue concebido específicamente para formar artistas, sino para “reducir las brechas digitales, educativas y sociales”, así como para “mejorar la trayectoria educativa de alumnos y alumnas”, el programa Conectar Igualdad se convirtió en una herramienta clave para estimular la creatividad de toda una generación en Argentina. La reacción fue tan instantánea y supo leerse con tanta rapidez que dio pie para una revista: Conectados, que tuvo una entrega especial dedicada a la grabación, edición y producción de música con la netbook (se puede encontrar en formato PDF en Internet). Y hasta devino en el Festival Conectar, con varias ediciones, donde se brindaron talleres sobre arte, educación y nuevas tecnologías a docentes y alumnos de secundaria.

Amén de Orodembow o Sudaca Beatz, la música urbana argentina cuenta con productores y beatmakers de primera línea, quienes aparte trabajan en estudios armados hasta los dientes. Por lo que no es fortuito que L-Gante confíe actualmente su música en DT.Bilardo o Trueno haya dejado su álbum debut, Atrevido (2020), en manos de Taiu y Tatool. No obstante, sin esas netbooks lejanas a la tecnología de punta (de 10 pulgadas, cámara de 300k píxeles, de procesador 1,66 GHz y de dos GB de RAM), posiblemente no se hubieran animado a ser lo que hoy son. Ni Neo Pistea sería pionero del trap argentino.

Tampoco Glitcha hubiese sido revelación de la música electrónica. “Era uno más hasta que hizo muy buen dubstep”, asegura el DJ Bad Boy Orange. “Incluso Omar Varela (creador de Mueva Records) comenzó con esa netbook”, recuerda. No existe una política similar con esta influencia en la escena. “Acá no se ayuda entregando hardware ni computadoras”, corrobora César Palmeiro, promotor cultural argentino establecido en Holanda. “Dan por asumido que se puede comprar”. Desde los Estados Unidos, su colega Austin Barmak comparte: “En Suecia, al igual que acá, en las escuelas hay fomento y planes de la industria musical. Pero no conozco nada que haya dado una respuesta de este tipo, con un programa específico”.

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