El equipo de Marcelo Gallardo fue pura contundencia y en un primer tiempo arrollador liquidó el partido a los 22 minutos. Rafael Borré metió cuatro de los seis goles, y el Más Grande se arrimó a los puestos de clasificación a cuartos de final.
Aplastante de principio a fin. Así fue el andar de River en Mendoza, una provincia que le sienta como ningún lugar en el mundo, ya que tiene 100% de eficacia de victorias desde que asumió Marcelo Gallardo a mediados del 2014. Hoy fue un 6-1 sin atenuantes frente a Godoy Cruz, y la ventaja pudo ser aún superior.
La primera parte fue una exhibición de River, y un culto a la contundencia. Palavecino fue el conector de casi todos los ataques, la movilidad de los delanteros fue clave, y el equipo encontró los espacios entre líneas para conseguir la profundidad. Cinco tiros al arco y cinco goles.
Primero Borré abajo del arco, luego Suárez empujándola por la misma vía, otra vez Rafa recibiendo un gran centro desde el costado, y a los 22 minutos el cuarto fue de Julián Álvarez con una gran corrida y definición. El quinto fue otra vez del colombiano, quien otra vez se posicionó bien en el área y la acomodó en la red del equipo de Mendoza.
El segundo tiempo comenzó con la misma tónica del primero. Mucho juego asociado y libertades de River para manejar la pelota, y otra gran jugada colectiva por abajo que termina en un pase filtrado para el cuarto personal de Borré y el sexto del equipo que se floreaba fiel a sus mejores partidos históricos con el Muñeco.
Pero luego todo se aplacó, y el Más Grande bajó mucho el ritmo. Los cambios no siguieron marcando la diferencia ya establecida, y Godoy Cruz se fue animando hasta llegar al descuento cerca del final. En definitiva, estuvimos en presencia de un River que no solo se reencontró con la victoria después de dos partidos para meterse de lleno en la pelea por la clasificación, sino que además recuperó confianza con la pelota y tuvo ratos de una versión de esas que enamoran a todos.
