La economía en la Argentina no atravesaba un ciclo virtuoso. Los taxistas veían cómo sus ingresos se desplomaban frente a los de sus competidores directos: los ómnibus y los tranvías, cuyos boletos tenían precios muchos más accesibles. Decidieron entonces hacer viajes compartidos, llevando a más de una persona en su vehículo realizando dos o tres paradas, en un mismo viaje y fraccionando la tarifa.

El límite por cada vehículo era de cinco pasajeros. El servicio fue bien aceptado por la población porteña y los empresarios decidieron comenzar a utilizar todo el espacio disponible.

En 1932 la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires habilitó decenas de líneas, precisó las medidas que debían tener los coches y la capacidad, que en ese entonces fue de diez asientos y nacieron los colectivos urbanos. Taxistas y colectiveros se unieron para dar origen a un nuevo mecanismo de transporte.

Fuente: Minuto1

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