La nueva normalidad no solo impuso otros hábitos de compra, cumpleaños vía Zoom y clases virtuales. También modificó las necesidades de millones de argentinos y el modo de colaborar de otros cientos de miles.

“La pandemia democratizó la solidaridad. Fue un examen del que salimos airosos”, asegura Juan Carr deRed Solidaria y destaca el crecimiento del voluntariado virtual, algo que tenía en mente allá por 1995 cuando creó esta Ong.

Carr lo ejemplifica con una de las historias que le tocó vivir durante la pandemia: “Me escribió a través de un mensaje de Instagram un hombre de Villa Azul en Quilmes, que por entonces estaba aislada por un brote de coronavirus. Estaba internado con Covid positivo y dificultades respiratorias. No sabía si lo iban a intubar. Le pregunté qué necesitaba pero no me pidió nada para él. Me dijo que desde la ventana del hospital veía a dos hombres que dormían en la calle y tenían frío. Quería que fuésemos a ayudarlos. Él no sabía si corría peligro de vida, pero se preocupaba por los demás”.

Para el creador de Red Solidaria el mismo aislamiento generó la necesidad de cuidar a los mayores y protegerse unos a otros. Incluso apunta que la falta de donantes que informaron algunos bancos de sangre, fue una situación ligada a una conciencia solidaria ya que quienes suelen colaborar buscaron cuidarse para poder seguir donando y volvieron cuando fueron convocados.

Carr también señala otro fenómeno al que le gusta nombrar como “delivery de solidaridad”. “Nos llamaban amigos que tenemos que viven en la calle y nos decían que no tenían para comer, y sin necesidad de desplazamiento, podíamos mandarles una pizza por Rappi”, grafica.

Es que el aislamiento modificó las necesidades más básicas. “Siempre nos ocupamos de la inserción laboral de quienes están en situación de calle, pero en pandemia y en los meses de aislamiento esa gente se quedó sin los lugares donde les permitían ir al baño, donde cargaban agua, sin las pocas monedas o restos de comida que les daban”, grafica Malena Famá de Fundación Multipolar.

“En un principio, el Gobierno de la Ciudad nos pidió que colaborásemos en los paradores donde alojaron a quienes estaban en las calles. Allí organizamos actividades recreativas y contención ya que la mayoría de ellos tenían dependencia de sustancias y los primeros días fueron de desintoxicación”, recuerda. Pero también hubo trabajo en las calles: “Les pedíamos a nuestros colaboradores que preparasen kits de higiene con alcohol en gel, jabón y papel higiénico, o viandas con frutas, panes o porciones de torta para repartir a los que necesitaban comida. Otros pasaban a recoger lo que aportaban y lo distribuían”.

Famá resalta que en los primeros meses de aislamiento también vivió situaciones complicadas: “Algunos edificios echaban a la gente en situación de calle para que no se quedase en la puerta, como si fuesen invasores, por temor a contagios. Otros ofrecían donaciones pero las dejaban en el ascensor o lo hacían bajar por el portero por temor a contraer el virus”, relata.

En Módulo Sanitario, que se ocupa de construir redes sanitarias en barrios vulnerables, también suspendieron momentáneamente las construcciones y se dedicaron a la prevención de los contagios. A tres días del ASPO, entregaron 200 kits de higiene en un barrio de Moreno. Cada uno contaba con elementos básicos de limpieza e higiene como lavandina, jabón, alcohol en gel, desinfectante, repelente para prevenir el dengue y hasta palangana para aquellas familias que aún no tenían un lavatorio,

Quienes acostumbraban sumarse a las obras, transformaron su accionar. “Los voluntarios colaboraron ayudándonos desde sus casas: consiguiendo donaciones, organizando logísticas de entrega, masificando nuestro mensaje. Muchos hasta se aventuraron a exponerse para ayudar a las familias más necesitadas en las entregas en los barrios”, apunta Matias Nicolini, cofundador de la ONG que durante el 2020, gracias a que triplicó la cantidad de donantes mensuales y que logró que 4 mil personas realicen una donación puntual, pudo acompañar a 17 mil familias con la entrega de kits que llegaron a un total de 74 mil personas.

A tono con los tiempos, la ONG convocó a una charla por Google Meet para sumar nuevos voluntarios para esta semana. .

“Nunca atravesamos algo como esto, de tener que restringir grupos de voluntarios/as en los barrios, establecer máximos por cuadrillas en las construcciones. Nuestra organización se caracteriza por ser masiva e incorporar a todas las personas que quieran participar por lo que fue todo un trabajo adaptarse a esta nueva normalidad, explicar los protocolos y medidas que sostienen las limitaciones en las actividades”, admite Florencia Drucker, directora ejecutiva de TECHO, que aprovechó los meses de mayores restricciones de 2020 para organizar capacitaciones vía Zoom y campañas de recaudación de fondos virtuales.

La entidad incluso se dio el gusto de celebrar su clásica cena anual, pero en formato digital con la presencia de Fito Páez y la conducción del Chino Leunis.

“En la pandemia sumamos opciones de donaciones a través de Mercado Pago, para la gente que no está acostumbrada a hacer transferencias”, apunta Julieta Rosati, de Por los Jóvenes, una organización que crearon los egresados salesianos para recaudar fondos para los proyectos solidarios de la Obra de Don Bosco. “Mediante la visibilización de las necesidades y las respuestas que se daban en las casas salesianas logramos mantener las donaciones, aún en una época de crisis, y llegar a más de 40 mil personas”, precisa.

“Nuestro centro de operaciones se convirtió en un depósito, porque no pudimos recibir más voluntarios, hasta que logramos aplicar protocolos para disminuir los contactos”, grafica Marisa Giraldez, del Banco de Alimentos. Hasta entonces, en la entidad realizaron entregas de alimentos a distintas entidades mediante las cuales llegaron a 570.000 personas, mientras que antes de la pandemia atendían a unas 168.000 personas.

Fuente: Télam

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