Esta es una historia sobre mantener el amor vivo en un contexto adverso”, le cuenta a LA NACION Matthew Graham, guionista y showrunner junto a Emma Frost de The Spanish Princess, la tercera entrega de las miniseries originales de StarzPlay, que fue precedida por las multipremiadas The White Queen y The White Princess.
Graham alude no solo a la historia de vida de la reina Catalina de Aragón sino específicamente a lo que se podrá ver en la segunda temporada, que llega a la plataforma de streaming el próximo domingo 11 de octubre, y que se completó de filmar nada menos que un día antes de que se decretara la cuarentena por la pandemia de coronavirus, en el mes de marzo.
En diálogo con LA NACION vía Zoom, Graham y Frost hicieron referencia a cómo se llevó a cabo la adaptación de las novelas de Philippa Gregory y al rol clave que cumple la mujer en la miniserie, desde todos los ángulos.
La primera temporada de The Spanish Princess esbozaba una suerte de historia de iniciación con toques de novelón de la entonces princesa interpretada por Charlotte Hope quien, al quedar viuda, vuelve a casarse con quien se convertiría en el Rey Enrique VIII (Ruairi O’Connor), nada menos que el hermano del fallecido Arturo de Gales, y quien además conseguiría junto a su esposa el cariño de la gente de Inglaterra.
Este comeback, por el contrario, no solo se saca los lentes rosas para mostrar lo que yace debajo de la alfombra, sino que directamente aborda un terreno que sus creadores querían mostrar desde hacía mucho tiempo: la presión de la reina Catalina por tener un heredero en un clima en el que no se le permitía tomar decisiones por fuera de los deberes de su reinado y de los pormenores políticos y diplomáticos.
El equilibrio entre el intento de ser madre, preservar la estabilidad de un matrimonio que se va deteriorando, y seguir proyectándose como líder, terminará por ponerla de cara a sus mayores miedos y debilidades, dos estados que los factores externos no la dejan transitar con libertad porque, claro, la monarquía pesa.

“Esta segunda temporada es definitivamente más oscura”, le adelanta Graham a LA NACION. “Tanto Catalina como Enrique tienen mayores desafíos por la posición en la que se encuentran, y a esto se le suma el buscar un heredero. Por lo tanto, no deja de ser una historia de amor que debe mantenerse con vida en un escenario que no siempre le juega a su favor”, agrega quien también es el productor ejecutivo de la miniserie.
Frost, por su parte, marca la distinción entre la primera y la segunda parte de la historia, en cuanto a la narrativa circunscrita a Catalina. “Al comienzo nos focalizamos en muchas de las mentiras que ella había dicho para obtener lo que más quería; en cierto modo, la dejamos en el mejor momento: con todo ese camino ganado”.
Para sus creadores, este segundo tramo representa una suerte de revés para los protagonistas, sobre todo para su figura femenina. “En esta temporada veremos cómo el pasado pisará los talones”, apunta Frost.
Fuente: LN
