En el 3⁰ aniversario del fallecimiento del creador de Plaboy: Secretos y comienzo de Hef

“El único problema con el sexo es que tendemos a tratarlo como algo vergonzoso, indecente y lleno de tabúes. Y esa es la dificultad principal, no el sexo en sí”.

A comienzos de la década de 1950 y con una inversión inicial de apenas 600 dólares, un tímido editor estadounidense reunió a un pequeño grupo de amigos y se propuso ofrecer una suerte de antídoto a lo que él describía como cierta hipocresía de la sociedad de su país. Lo soñaba a partir de una publicación que, con el paso de los años, se convertiría en un ícono estadounidense, una marca, un emblema.

Con 27 años, Hugh Hefner fundó Playboy y, de esa manera, puso el primer ladrillo de un imperio que, cubierto de un imaginario repleto de mujeres con poca ropa, una idea muy particular de lujo y fiestas interminables, también ofreció un modo novedoso para el periodismo, con textos que analizaban temáticas tan diversas –y novedosas para los medios de la época, irritantes para sus adversarios– como la actividad de los movimientos por los derechos civiles, el aborto, la guerra, el racismo.

Con el paso de los años, el propio Hef, como lo llamaban todos, se convirtió en parte de su maquinaria y se transformó en un mito. Rodeado de chicas en bikini, con tragos en la mano, en la pista de baile, en la cama redonda que montó en su mítica mansión de Chicago, su imagen se multiplicó y, al mismo ritmo, también proliferaron numerosos problemas.

Como toda gran fortaleza, a lo largo de su vida también debió enfrentar momentos difíciles, investigaciones de la DEA y el FBI, críticas por su modo de mostrar a las mujeres como objetos, denuncias por presunta “obscenidad”, vaivenes económicos y muertes cercanas que lo afectaron profundamente.

LOS COMIENZOS

Tal como contó el propio fundador de Playboy poco antes de morir en la serie documental El playboy americano: La historia de Hugh Hefner (se puede ver por Amazon Prime Video y en sus diez capítulos recorre minuciosamente cada paso de su vida y del imperio Playboy a lo largo de las décadas), Hef perteneció a una familia tradicional de la ciudad de Chicago en la que no estaba bien visto “expresar las emociones”.

Rápidamente, de niño, según contó en numerosas entrevistas, eligió escaparse “a un mundo de fantasía” y dibujar con gran talento sus propias historietas. Era tímido, le gustaba ir al cine y pronto encontró en la lectura un modo de refugio.

La primera edición de Playboy llegó a los kioscos en 1953. Tenía a Marilyn Monroe en la tapa. Con el paso de los años, el propio Hef, como lo llamaban todos, se convirtió en parte de su maquinaria y se transformó en un mito. Rodeado de chicas en bikini, con tragos en la mano, en la pista de baile, en la cama redonda que montó en su mítica mansión de Chicago, su imagen se multiplicó y, al mismo ritmo, también proliferaron numerosos problemas.

Como toda gran fortaleza, a lo largo de su vida también debió enfrentar momentos difíciles, investigaciones de la DEA y el FBI, críticas por su modo de mostrar a las mujeres como objetos, denuncias por presunta “obscenidad”, vaivenes económicos y muertes cercanas que lo afectaron profundamente.

“El único problema con el sexo es que tendemos a tratarlo como algo vergonzoso, indecente y lleno de tabúes. Y esa es la dificultad principal, no el sexo en sí”, señaló Hugh Hefner.

Tal como contó el propio fundador de Playboy poco antes de morir en la serie documental El playboy americano: La historia de Hugh Hefner (se puede ver por Amazon Prime Video y en sus diez capítulos recorre minuciosamente cada paso de su vida y del imperio Playboy a lo largo de las décadas), Hef perteneció a una familia tradicional de la ciudad de Chicago en la que no estaba bien visto “expresar las emociones”.

Rápidamente, de niño, según contó en numerosas entrevistas, eligió escaparse “a un mundo de fantasía” y dibujar con gran talento sus propias historietas. Era tímido, le gustaba ir al cine y pronto encontró en la lectura un modo de refugio.

En 2017 se estrenó la serie documental «American Playboy: La historia de Hugh Hefner», que cuenta la vida del fundador de «Playboy».

Entre otras cosas, fueron la revista Esquire (“leerla me cambió la vida, me volví más seguro de mí y más extrovertido”) y el libro Comportamiento sexual del hombre (1948), del sexólogo Alfred Kinsey, las publicaciones que le abrirían lentamente un camino nuevo. Mientras tanto, era un estudiante en la Universidad de Illinois, a la que fue siguiendo a su novia del secundario, Millie Williams.

Siguiendo los mandatos de la época, tal como cuenta en la serie, a los 22 años tuvo su debut sexual y, después del verano de 1948, cuando su novia se graduó, le pidió matrimonio. Al poco tiempo, Millie le contó que había tenido un pequeño affaire con otra persona y Hefner se sintió herido.

“Yo estaba destrozado. Quizás es difícil imaginar al creador de Playboy así, pero en ese momento solamente había intimado con una mujer en mi vida, la mujer con la que me iba a casar”, relata en El playboy americano.

Hefner nació en 1926 en la ciudad de Chicago, Estados Unidos (AP Photo)
Mientras decidía qué hacer, Hefner se destacaba como editor de una revista universitaria llamada Shaft donde ya mostraba su talento, dibujaba viñetas calificadas como “atrevidas” y se animaba a escribir columnas.

Finalmente se casó con Millie y Hef al poco tiempo fue convocado para trabajar en la revista de su adolescencia, Esquire. Sin embargo, el trabajo no era lo que esperaba y en su puesto, más dedicado a cuestiones publicitarias, notaba que la publicación era más conservadora de lo que se había imaginado.

En 1952 llegó la primera hija de la pareja, Christie, y Hefner decidió cambiar de trabajo, aunque no estaba del todo convencido de lo que hacía: iba de un puesto a otro en lugares que le parecían “aburridos”.

Tampoco encontraba en las publicaciones de la época nada cercano a sus intereses: las revistas masculinas ofrecían únicamente contenidos sobre caza, pesca y otros deportes.

Entonces reunió a un grupo reducido de amigos en su departamento de Chicago y empezó a trazar la revista de sus sueños: quería “incorporar al sexo como algo común, algo natural” en el sumario, quería además que hubiera grandes entrevistas a figuras musicales, quería literatura (para el primer número de Playboy consigue los derechos para publicar textos de Arthur Conan Doyle).

Y sumó algo central: la imagen poderosa de la gran figura de ese momento, Marilyn Monroe, que posaba semi-desnuda, en unas fotos que le habían tomado antes de hacerse famosa y que el propio Hefner había comprado a su autor. El nombre pensado era Stag Party (un concepto que se puede usar para definir una fiesta de hombres solos, “fiesta del ciervo”, e inclusive se utiliza como sinónimo de despedida de solteros), hasta que una semana antes de la salida a la venta recibieron una carta documento que indicaba que existía una publicación con esa denominación. Entonces apareció el nombre Playboy y el logotipo, que en el proyecto inicial era un ciervo, pasó a ser un conejo, creación del ilustrador Arv Miller.

Con el correr de los años, el negocio de la revista se amplió a otros rubros: Hefner se puso al frente de un sorprendente programa televisivo que se llamó Playboy’s Penthouse, donde se mostraba en una suerte de piso de soltero rodeado de allegados a la revista, mujeres sonrientes y humoristas.

Por el programa, toda una novedad para la época, pasaron cantantes como Ella Fitzgerald y Nat King Cole, lo que provocó la censura de una gran cantidad de emisoras, en particular del sur de Estados Unidos, en tiempos de segregación racial y puritanismo.

“Nuestro programa mostraba a blancos y a negros, todos juntos, y las televisoras del sur se oponían”, relataría Hefner en su serie.

En paralelo al gran éxito de su creación y al crecimiento de su figura, Hef se fue alejando de su familia (había tenido otro hijo más con Millie, pero ya no se veían con frecuencia). Entonces decidieron divorciarse.

A partir de entonces, comenzó una nueva etapa en la vida del creador de Playboy: él mismo empieza a verse como el gran mito, el soltero definitivo, el gran anfitrión del sueño americano. Para subrayarlo todavía más, se mudó a una mansión al norte de Chicago, con decenas de habitaciones, piletas subterráneas con cascadas, pasadizos ocultos, una sala de cine y una cama giratoria redonda en el cuarto principal.

Además del ambiente de fiesta, buena bebida y música en vivo, estos locales contaban con un atractivo extra para los lectores de la revista: la atención de las llamadas “conejitas”, chicas jóvenes con poca ropa, en tacos altos y con pompones y orejas que despertaban todo tipo de fantasías entre los concurrentes.

Según contó Hefner, su idea era la de “llevar a la realidad las páginas de la revista” y para eso convocó a chicas de entre 18 y 22 años, a las que le ofrecía una oportunidad laboral como meseras.

En 1989, y con 63 años, Hefner se casó con una ex playmate de 25 años, Kimberly Conrad, con quien tuvo dos hijos, Marston y Cooper. Según relató, en ese momento el magnate eligió, por fin, “la calma vida doméstica” y las reuniones en la mansión mermaron.

Sin embargo la pareja empezó a desgastarse y terminó, luego de casi 9 años de relación. Según contó en la serie, se divorciaron en buenos términos y la mujer con sus hijos se mudaron a una casa pegada a la masión de Hefner.

La salud de Hefner se empezó a deteriorar poco después. Se alejó de los medios, dejó de aparecer en televisión y delegó en sus hijos todas las decisiones empresariales. El mito empezaba a extinguirse, de a poco.

El 27 de septiembre de 2017, mediante un comunicado en sus redes sociales, Playboy anunció que su fundador había muerto por causas naturales a los 91 años en la residencia de Holmby Hills, Los Ángeles. El lugar había sido antes vendido un año antes a un multimillonario, que le permitió a Hefner permanecer en su mítica mansión hasta el último día de su vida.

Fuente: Infobae