El peronismo chaqueño frente al avance neofascista

Por el Licenciado Alejandro Javier Zabaleta.

En un contexto de intransigencia que alarma a la militancia, el peronismo chaqueño aparece derrotado, con sus dirigentes paralizados por la sorpresa ante una realidad política que los supera.

Mientras tanto, el radicalismo provincial muta hacia un libertarismo con rasgos neofascistas, haciendo urgente la reconfiguración de una oposición democrática firme. La batalla es clara: democracia versus neofascismo.

Este fenómeno trasciende al Chaco. Es parte de una ofensiva global donde resurgen liderazgos ultraderechistas: Meloni en Italia, Trump en EE.UU., Bolsonaro en Brasil, Orbán en Hungría y Vox en España. En sintonía, figuras como Luis Majul (desde las páginas de La Nación) y Santiago Caputo (desde el espacio libertario) normalizan discursos que erosionan la fe en la democracia.

El gobierno de Leandro Zdero -ideológicamente alineado con Mileikovich y su modelo netanyahista-

Ha implementado una purga: más de cien periodistas y miles de empleados públicos despedidos bajo el estigma de nefastos;. Frente a esto, el peronismo enfrenta tres escenarios críticos:

  1. Fragmentación irreversible: La división entre Honcheruk, Ayala y Capitanich cristaliza una ruptura que debilita al movimiento. Cada sector marcha por su cuenta, sin coordinación.
  2. Liderazgos estériles: Gustavo Martínez, producto genuino del partido tradicional (Mitre y Rivadavia), carece de proyección. Su influencia provincial es neutralizada, y aunque sus votos son estratégicos, su techo político es evidente. Domingo Peppo suma militancia, pero no logra articular una alternativa.
  3. Centralismo asfixiante: El exgobernador Capitanich, mantiene un control micro gestor que ahoga nuevas voces. Lo que fue virtud organizativa se convirtió en obstáculo para renovar liderazgos legítimos.

La pregunta crucial: ¿puede el peronismo unirse ante esta amenaza? Los números sugieren que, unido, empataría al oficialismo. Pero el costo es alto: satisfacer a Capitanich, Ayala, Honcheruk, Martínez y Peppo exige concesiones que podrían vaciar de contenido cualquier acuerdo. El desafío no es solo electoral, sino existencial: reinventarse o quedar como fuerza testimonial en una provincia que cambió aceleradamente. Cada día de división consolida al proyecto neofascista. La militancia espera señales claras, pero los dirigentes parecen atrapados entre cálculos personales y urgencias históricas. ¿Podrán dejar atrás mezquindades antes de que sea demasiado tarde?

La reciente persecución judicial contra Cristina Fernández de Kirchner —un montaje sin sustento legal— debe servir como llamado de atención al peronismo chaqueño. La hora exige unidad para enfrentar al gobierno de Leandro Zdero, cuyo proyecto emula el autoritarismo de la dictadura de Videla.

Zdero, líder de un oficialismo que homenajea a los perpetradores de desapariciones forzadas bajo el eufemismo;Chaco Puede, representa una amenaza institucional. Sin embargo, su ascenso también interpela a los dirigentes justicialistas: Capitanich, Honcheruk, Ayala, Martínez y Peppo tienen hoy la obligación histórica de dejar atrás sus egoísmos y construir una alternativa coherente, popular y democrática.

El pueblo chaqueño —y argentino— no necesita meros gestos de unidad, sino un proyecto concreto que:

  1. Denuncie la deriva autoritaria del gobierno provincial,
  2. Resista los ajustes brutales contra trabajadores y la prensa,
  3. Y ofrezca un horizonte de justicia social.

La pregunta no es si el peronismo puede unirse, sino si se atreve a hacerlo antes de que Zdero consolide su régimen.

En la derrota Capitanich no respondió con sus fiscales principales ante el oscurantismo impuesto por Patricia Bullrich en ECOM CHACO. El control de las elecciones fue nulo por parte del justicialismo y el intento de reclamo inútil.

Renovación o extinción: El desafío generacional del peronismo

Diagnóstico crudo: El 78% de los militantes visibles en actos partidarios supera los 50 años (Fuente: Observatorio de Juventud y Política, 2024). Este envejecimiento refleja una crisis de relevo que amenaza la supervivencia del movimiento.

1.- Las redes sociales son la nueva plaza pública.

2.- Un nuevo mensaje anti-extremismo.

3.- La política es un privilegio de ordenar nuestra sociedad.

4.- Resistir el embate mediático.

Otra de las cuestiones hoy es si es necesaria una renovación. Si el lector observa fotos actuales de la militancia política, la mayoría son gente grande, ¿Cómo enamorar a la juventud sin un mensaje fascista y sano? La cuestión pasa por la militancia en redes sociales, especialmente en X e Instaran sin dejar de lado Tik Tok. Considerar las fechas electorales y la asistencia obligatoria del votante.

El peronismo acorralado: Resistencia frente al clientelismo radical

En otros tiempos, el Justicialismo se consolidaba desde las bases, con intendentes que eran faros de la comunidad. Hoy, el oficialismo radical —encolumnado tras los intereses poderosos— ha convertido a los gobiernos locales en títeres de la oligarquía, obligados a mendigar recursos desde los despachos de Marcelo T. de Alvear 145 (cuartel general del neoliberalismo chaqueño).

La estrategia del ministro Jorge Gómez y Marcos Resico es clara:

  1. Ajuste planificado: Asfixiar económicamente a la provincia para generar desesperación social.
  2. Clientelismo de emergencia: En vísperas de elecciones, reparten migajas (bolsas de comida, Plan Ñachec.) a cambio de votos, violando el principio sagrado de la libertad electoral.
  3. Mientras recortan planes sociales y aumentan tarifas, el oficialismo radical derrocha fondos públicos en una oligarquía de funcionarios:
  4. Sueldos obscenos: ministros y secretarios cobran cifras millonarias (equivalentes a 50 salarios mínimos), mientras el trabajador sobrevive con ajustes. (Luz, Agua, etc.).
  5. Poca transparencia: Contratos de pauta publicitaria concentrados en medios cómplices (Don Julio, Canal 9, NG Federal, etc.) que blanquean el ajuste.
  6. ¿Dónde está el rigor fiscal que predican?

El peronismo históricamente auditó estos abusos.

¿Por qué callan este ejemplo?

El radicalismo actual desmanteló los mecanismos responsablemente estructurados para reinstalar la vieja política de: Maestros y empleados públicos con salarios congelados y a punto de ser despedidos.

Pasemos a algo peor.

¿Qué sucedería si, en lugar de confirmarse una autocracia, se consolidara una dictadura?

En primer lugar, se consolidaría un peronismo pseudo proscripto o directamente proscripto.

Como consecuencia, dejarían de tener vigencia la Constitución Nacional y la Provincial. Esto daría paso a una reforma ilegal del Poder Judicial —tanto a nivel nacional como provincial—, que garantizaría el poder de los políticos autocráticos.

Aunque este sea un proyecto asociado al Mossad, en la Argentina actual —y en el contexto de la ocupación de territorios patagónicos—, otro factor crítico es el fin del Tratado Antártico en 2048.

Su vencimiento ha llevado a que las potencias globales ya se estén posicionando estratégicamente, tanto geopolítica como militarmente, para reclamar derechos soberanos sobre el continente blanco.

El objetivo estratégico sería fragmentar provincias como Chaco y Formosa, ya que, para el poder real, Argentina constituye un territorio demasiado extenso y difícil de controlar. La atomización del país —mediante la creación de jurisdicciones más pequeñas o autónomas— facilitaría su dominación indirecta. En este contexto, el Peronismo es el único proyecto nacional con capacidad de movilización masiva y, por tanto, representa la principal amenaza para estos intereses.

Este plan (el del oficialismo autoritario) se ve favorecido por el desencanto democrático actual: el rechazo creciente a las elecciones y la participación política convencional. Para consolidarlo, sería necesario implementar un nuevo modelo de gobernanza, tal como lo describe Byung-Chul Han en Infocracia (2022). En esta obra, el filósofo coreano-alemán advierte cómo la digitalización total y la economía de la atención han reemplazado los mecanismos tradicionales de poder, sustituyendo la coerción física por el control mediante datos y fatiga informativa.

La escalada violenta del Estado en la era digital

Los medios de difusión masiva y redes sociales operarían como amplificadores estratégicos de la violencia estatal, normalizando tanto la represión física (ej: asesinatos selectivos de opositores) como la simbólica (criminalización discursiva). Este proceso ya está en marcha: desde el uso de bots para estigmatizar disidentes hasta la coordinación entre aparatos de seguridad y algoritmos de plataformas.

La urgencia con que actúan los grupos de poder evidencia que el tiempo es un recurso clave. Su eficacia reside en haber aplicado con precisión dos marcos teóricos:

  1. La Ventana de Overton: Desplazando los límites de lo "aceptable" para legitimar acciones antes impensables (ej: vigilancia masiva o tortura mediática).
  2. La Teoría de la Estupidez (Cipolla y también Bonhoeffer): Saturando el espacio público con desinformación que paraliza el juicio crítico, facilitando la obediencia irracional. Propio de los fascistas.

Los datos son claros: los gobiernos que priorizan el control ciudadano sobre el gasto público generan más confianza y mejoran la calidad de vida. El caso de Chaco (2015- 2019) demuestra que, con voluntad política, es posible: Recuperar millones desviados sin necesidad de ajustes al pueblo.

Reducir privilegios burocráticos mientras se aumenta la inversión social.

Garantizar transparencia real con herramientas digitales públicas.

Hoy, el retroceso en estos mecanismos explica:

✔ Por qué el 78% de los argentinos desconfía de las instituciones (Encuesta Latinobarómetro

2024).

✔ Cómo se perpetúan las desigualdades: el 10% más rico del país capta el 42% de la pauta oficial (Informe ADC).

El desafío es sistémico:

  1. Urge una ley nacional de auditorías participativas (con veedores ciudadanos y universidades).
  2. Penalizar el uso electoral de la ayuda social (como ya hacen Uruguay y Costa Rica).
  3. Medios públicos independientes que fiscalicen a todos los gobiernos por igual.

La verdadera grieta está en aquellos que creen en instituciones fuertes y los que usan el Estado para su beneficio. Superarla requerirá algo más importante y real que un acuerdo político.

Licenciado Alejandro Javier Zabaleta.